Cómo convertirte en una Buena Negociadora

Cuando era pequeña me críe en una casa con otros cinco hermanos y hermanas, era la del medio y, no sé si fue por eso de estar en el medio, pero desarrollé unas dotes de negociación increíbles, hasta mi madre recurría a mí en muchas ocasiones cuando no sabía lidiar con algún conflicto entre mis hermanos mayores y pequeños.

Creo que esa fue mi gran escuela, donde aprendí a desarrollar mi talento como negociadora, una capacidad sorprendente para la mediación de conflictos y para convencer a quién quiera de lo que quiero.

La verdad es que es una habilidad que, bien usada, puede abrirte muchas puertas. Como a mí nunca me ha gustado mucho estudiar sabía que mi profesión estaría a medio camino entre mi talento y las oportunidades que me diera la vida.

Fue así como, poco a poco, guiada por mi espectacular habilidad para la negociación fui abriéndome camino en diferentes multinacionales y terminé por especializarme como negociadora de importantes marcas de moda.

En la actualidad, por fin he podido empezar a desarrollar mi propio proyecto. Hasta he conseguido encontrar el espacio perfecto. Ahora estoy reformando un poco la estructura, y es que prefería darle un toque personal a un antiguo y precioso local que tenía fichado desde hace tiempo. Lo más difícil de la reforma es la reparación del tejado, pero para ello he contado con los servicios de Cubiertas Estevez que me han solucionado la papeleta.

Calculo que en pocos meses abriré mis puertas a todo aquél que necesitan de mis habilidades de negociación. Esta vez quiero elegir a mis clientes y sé que me lo puedo permitir.

Técnicas de Negociación para el Día a Día

Todo empezó cuando una buena amiga desesperada por que en su trabajo no conseguía ningún ascenso después de varios años vino a pedirme consejo. Estaba a punto de dejar el trabajo. No es de extrañar, ya que muchas veces las conversaciones con nuestros jefes son todo un acto de valentía. Incluso cuando tenemos buena relación con nuestros jefes, este tipo de conversaciones resultan incómodas y muchas personas no saben cómo afrontarlas.

No tardé en darme cuenta de que el caso de mi amiga no era un caso aislado y que son muchas las personas que se ven en la misma situación por no saber ser asertivos a la hora de expresar aquello con lo que están disconformes.

Y no solo se trata de este tipo de negociaciones, son muchas las situaciones a diario en las que tenemos que negociar, ya sea con nuestra pareja, amigos o familiares. Las habilidades de negociación son un elemento fundamental para salir airoso de muchas situaciones del día a día.

Algunas de las mejores técnicas pueden resumirse en un par de consejos para mejorar la forma en que negociamos. Para empezar, siempre doy el truco de aprender a parecer sobresaltado. Hay que saber elegir el momento, pero es un recurso muy útil en muchas ocasiones.

La comunicación verbal tiene una enorme paleta de posibilidades, desde la propia gesticulación, expresiones del rostro, es importante saber usar las emociones de forma muy calibrada y economizarlas lo máximo posible.

Otro elemento clave de todo negociador es el de estar muy bien informado, sea un asunto familiar o un problema entre amigos, sea que quieres un ascenso o negociar algo con tu casero, estar informado de todo lo relativo a aquello sobre lo que quieres mantener la conversación hará que ganes en credibilidad y coherencia.

Practice Makes Perfect, y como dice la expresión inglesa practicar es lo que lleva a ser un maestro en cualquier arte. La mayoría de las personas dudan a la hora de negociar porque no tienen la confianza negociadora desarrollada a través de cuantiosas negociaciones.

Por ello, en algún momento hay que empezar, y siempre es un buen momento para poner en práctica esta habilidad y autoevaluarnos.

Otro consejo que di a otra amiga que estaba siempre negociando sus tarifas como diseñadora es que nunca cediera, que una vez que considerara que ese era su valor que se mantuviera firme y explicara el por qué a sus posibles clientes.

De este modo, no tardó en darse cuenta de que le llegaban clientes que realmente valoraban sus servicios y quizás no tuviera tantos como antes, pero tenía los suficientes y estos le pagaban a la tarifa que ella había considerado.

Muchas veces es mejor o vender en lugar de hacer concesiones demasiado grandes u ofrecer descuentos que perjudiquen el valor y filosofía de tu proyecto.